El guión, de Robert Mckee

Publicado en 18/08/2013

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“Estamos tan divididos que nunca sabemos, de un día para otro, qué somos. Un día construimos la catedral de Notre Dame y al siguiente, Auschwitz.” (Robert Mckee, El guión).

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Si te gusta el arte de contar historias, ya sea a través del cine, teatro o literatura, anota en tu lista de libros para leer El Guion: sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones de Robert Mckee (Original: Story: Substance, Structure, Style and Principles of Screenwriting).

El escritor, profesor y autor de múltiples conferencias, Robert Mckee, nos cuenta de manera didáctica y muy amena los “secretos” de un buen guión con ejemplos como  Casablanca, Ciudadano Kane, El acorazado Potemkin, Chinatown, Kramer contra Kramer, Tiburón, El Padrino, Star Wars o La boda de mi mejor amigo.  No existen buenas o malas películas, sino mejores o peores guiones.

La primera reflexión a la que nos invita Robert Mckee es al declive en la narración cinematográfica. Aristóteles ya señalaba que “si la narración va mal, el resultado es la decadencia”. Piensa por un momento en la evolución que el cine ha sufrido en los últimos años: de películas mudas a sonoras, de sonoras a color, de color a increíbles efectos especiales, de efectos especiales a 3D… ¿Cuándo damos paso a un buen guión?

El declive en nuestros tiempos es la rápida evolución en el arte de hacer películas. Primero aparecieron las películas mudas, brillantes obras de arte que se reinventaban una y otra vez para embaucar al espectador. El audio fue lo que destruyó aquella magia impregnada de silencio. Se priorizaba mucho menos la escena o la interpretación de los actores porque el audio lo suplantó. Y así fue como durante los primeros años, el público disfrutaba de historias vacías por el mero hecho de escuchar el audio. Más tarde llegó el color y ahora dejamos paso a la tecnología, increíbles efectos especiales cuya única utilidad es rodar escenas donde el mundo entero queda devastado en cuestión de segundos…¿Cuántas ciudades habrán sido arrasadas desde que se inventaron los efectos especiales?

Por si esto fuera poco, el autor compara el cine de Hollywood con el cine europeo, clasificando este último como cine de arte y de ensayo. Habla de los jóvenes guionistas que pecan de ingenuidad por intentar alejarse de las normas establecidas de Hollywood, caracterizado por el concepto de “hacer películas con fines comerciales y no artísticos” (finales felices, personajes activos, cronología y causalidad). Grandes directores como Ingmar Bergman o Federico Fellini trabajaron durante años en películas siguiendo la estructura clásica hasta conseguir el éxito en estructuras más personalizadas.

Un dato interesante: en Hollywood se produce una media de dos películas por día, es decir, 400 películas aproximadamente al año, de las cuales un porcentaje elevado termina en fracaso. Por ello, para que un guión sea aceptado por una productora, debe sobresalir del resto. Al igual que un compositor se forma antes de echarse al vacío y componer una pieza musical, el guionista también deberá formarse. Atención a los nuevos:  no basta con un simple taller de escritura y dos semanas de vacaciones en El Caribe para redactar un guión. Este oficio consiste en una serie de técnicas y habilidades aprendidas que hacen que el guionista sepa cómo llegar al público. El secreto no está en una “historia” sino en una “historia bien contada”.

Si te quedaste con más ganas, aquí te dejo una entrevista a Robert Mckee en el periódico El país realizada el 3 de marzo de 2012:

¡Un saludo!

Lorena Ruiz

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Posted in: Cine, METAV